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11.08.2011

¿Y Quién Hace El Branding?

por Matt Torresolis 
Con esta M capitular, afirmo que la Marca o Branding es el Espíritu
y la Intención de la Empresa, donde todos participan
para que la caja registradora no pare de sonar...

Ahora que los principales CEO’s mundiales reconocen que comunicar la reputación de la Marca es el elemento más importante de la estrategia empresarial, la función de la Marca reclama una más seria revisión tanto como activo mercadológico valioso, que como catalizador para transformar los procesos empresariales e incrementar el valor financiero de la organización. Esta revisión pone al descubierto la indisoluble relación Comunicación/Marca y los problemas sistémicos que tienen las empresas que la subestiman; principalmente porque la incomunicación que priva dentro de ellas – es decir, tanto hacia arriba como abajo, a los lados y hacia fuera -, actúa en perjuicio de clientes, accionistas, empleados y proyectos. La incomunicación anquilosa a las organizaciones.

La empresa es una Red de Compromisos surgidos de las intercomunicaciones que en ella se dan. Estas intercomunicaciones o relaciones configuran un patrón organizacional característico y único de cada empresa. Ese patrón en red es la cultura de la empresa fundada en un diálogo permanente lo que le asegura un equilibrado fluir entre etapas de consolidación y etapas de reinvención. Si alguna persona, área o nodo de la red interrumpe el diálogo y se aísla de estas relaciones comunicantes, entonces la estructura empresarial se desequilibra. 

Si la organización cae en la incomunicación, la estructura laboral disminuye su efectividad de negocio. Entonces los procesos productivos o de servicios entran en fase de entropía, su identidad pierde confiabilidad ante las comunidades económicas y la Marca se devalúa socialmente. Conviene recordar que también los mercados son conversaciones y que la Marca es la médula de la identidad en cuyo contexto se entretejen dichas conversaciones mediante las cuales se celebran compromisos, se ejecuta la coordinación y se dan los intercambios de valor por valor.

Cuando en la empresa no hay una comunicación comprometida con los resultados se agota la capacidad constante de inventar nuevas realidades de negocio. Cuando la esclerosis de la empresa amenaza la rentabilidad, se ve obligada a hacer cambios cíclicos en el personal y promover nuevos procedimientos para lidiar con los competidores en ascenso (léase reingeniería y demás brujerías); pero al cabo de un tiempo la empresa regresa a su habitual comportamiento disfuncional perpetuando un círculo vicioso. Esto ocurre así porque sólo se cambian a las personas o a las reglas formales pero no se transforman los patrones organizacionales, es decir las conversaciones que en sí mismas son el tejido constitutivo de la empresa. 

Si se diagnostica erróneamente la enfermedad, la medicina nomás empeora la situación porque provoca la ilusión de mejoría. Así que la incomunicación tiene un triple efecto negativo: 1) golpea la función de la Marca como agente de relación con los mercados; 2) hace mediocre la cultura corporativa que la Marca personifica; y 3) afecta la viabilidad financiera del negocio que la Marca proclama como un valor de credibilidad social. 

Son pues, tres fundamentos de la Marca empresarial puestos en riesgo por personas que en lugar de fortalecerla, se empeñan en pensar, sentir, hablar y actuar en sentido contrario. ¡Conspiran contra sí mismos y esperan que los mercados los perciban como una Marca creíble y coherente!

La Marca es la parte visible de un fenómeno de autocreación empresarial que se manifiesta como la interrelación entre tres funciones prioritarias (mercados, cultura, negocio); que además se desempeña en los dos escenarios empresariales básicos (procesos productivos y estructuras administrativas); y que involucra, cuando menos, la acción de cinco participantes de la red empresarial (dirección, empleados, clientes, proveedores y accionistas). Ahora bien, el punto fino es que la red invisible que los miembros de la empresa tejen a diario con sus conversaciones, es la multiplicación de sus peculiaridades individuales cuya sinergia se realimenta en todo lo que hacen, dicen, hablan, deciden, piden, prometen, etcétera. Esta realidad que han creado es la verdadera Marca de la empresa. Algo que no se puede ocultar.

Dicho de otro modo, el carácter de una empresa es su destino. Hay muchas empresas que no entienden la simbiosis entre Comunicación y Marca; nada comunican porque quienes las encarnan no saben “decir cosas”, no quieren conversar con sus mercados o tienen miedo de celebrar compromisos con sus clientes y darles seguimiento hasta su concreción en hechos de negocio. Están apegados a sus zonas de confort y a su egocentrismo. Por eso prefieren gastar dinero en anuncios que nadie cree y celebrar ritos corporativos de “motivación”; si esto no funciona, queda el recurso del recorte, el despido y los malabares financieros...

Mi experiencia es que construir Marca (Branding) no es un asunto exclusivo de Marketing, ni de publicidad, ni de relaciones públicas. Es una función prioritaria de comunicación colaborativa en red que involucra a toda la empresa. Cuando la gente de la empresa entienda que la cooperación y la armonización como equipo suscitan éxito vital y financiero para todos, usarán la Marca como catalizador de su propia reinvención y como referente para comunicarse entre ellos y la comunidad; dialogar para pensar juntos y dar resultados de negocio juntos.  La comunicación ES la empresa misma y su esencia es la Marca. 

Por eso afirmo: La Comunicación Hace La Marca.

4.17.2007

Cuidado Con Tus Memes

Matt Torresolis

Los Memes no son una nueva mara; tampoco son un grupo de hip-hop. Richard Dawkins denominó Memes a las unidades de información que se auto duplican y transmiten por imitación social luchando entre sí por espacio en esa virginal masa gris de kilo y medio que llevamos en equilibrio sobre el cuello. Lo que los Genes son a nuestra biología, los Memes son a nuestra cultura. Son huéspedes neuronales que saltan de cerebro en cerebro y predisponen a las personas y a sus organizaciones, a pensar y actuar en automático. ¡Imitáos los unos a los otros!

La vista y el oído son eficientes tragones de Memes. Las palabras son virus pegajosos. Las lees en una revista y al rato “siempre” fueron tuyas; las pescas en un café y luego las estornudas en la próxima fiesta; de pronto te descubres diciéndole a tu hijo las mismas bobadas con las que te infectó tu papá; repites los dogmas de una iglesia, escuela, ideología o moda como si fueran tu propia naturaleza; tu cabeza es el eco de los medios masivos; cantas entre dientes los boleros de Luis Miguel; y machacas las tablas sociales de multiplicar: “este mercado es de precios”, “ya no hay valores”, “estábamos mejor cuando estábamos peor”.


La bronca es que los seres humanos hacemos nuestra realidad con base en nuestro lenguaje.

En el campo empresarial existe un Meme que conspira contra la capacidad de las empresas para diferenciarse de las demás. Me refiero a un pésimo hábito tecnológico, en el sentido original de la palabra tecnología: Saber Cómo. Por ejemplo, cuando una empresa pretende saber cómo resolver su muy particular problema de negocio apelando a las “mejores prácticas” que otras empresas han usado antes para ser más competitivas, lo que realmente está haciendo es ceder el soberano poder de sus neuronas internas en favor de prestigiosas soluciones enlatadas. ¡Puros Memes destilados de vacas sagradas! Quizá por eso la mayoría de las empresas parecen clones. Liderazgo por imitación memética.

Si es con las palabras como todos creamos nuestra realidad, ¿qué realidad diferente surge de una declaración de Misión empresarial, Visión de negocio y Valores operativos sospechosamente similares a las de otras empresas?; ¿qué realidad diferente convocamos cuando nuestra prédica de ventas es idéntica a la de nuestra competencia? Lo único que ha logrado el chisme ese de las mejores prácticas y otros cuentos de hazloquetedecimosqueotroshacenparaquetriunfessobretucompetencia es entronizar en las empresas a seguidores mediocres que no tienen ni el talento para inventar su propia realidad de negocio ni la suficiente confianza para dirigir la empresa por sus irrepetibles caminos.

Depender de la cabeza de otros, es renunciar a la propia inteligencia. Dar autoridad a otros, es subordinarse a ellos. Urge una tecnología para saber cómo rescatar el espíritu empresarial y redescubrir la inteligencia de la iniciativa individual.

Una cultura que repite Memes sin cuestionarlos, es un sindicato de mimos gesticulando en el salón de los espejos del circo. Cuidado con tus Memes...