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8.16.2007

Cuando Se Hace De Algo, Nada...

Matt Torresolis

El mismo día en que se acuñó la palabra comunicación, también salieron del troquel las palabras comercio, comunidad y compromiso. Desde entonces, todas estas monedas relucientes continúan encerrando su mismo valor: su significado; sólo que hay que saber apreciarlo a fin de usar su poder en la creación de bienes, liberando la energía congelada que guardan dentro de si y que únicamente se muestra en el momento de la transacción de un valor por otro valor.

Todo hombre o mujer de ventas, al igual que todo empresario, sabe en la médula de sus huesos que la creación de riqueza se construye primero en las palabras.
Los mercados son conversaciones.

Las conversaciones convierten una cosa lejana en otra cercana. Cuando la gente habla de ésa cosa, la nombra y la hace visible. Si es perceptible, puede hacerla un objeto de común acuerdo. Poner las cosas en común es comunicar. Comunicar es la piedra angular del comercio. Conversar es comprometerse en un toma y daca de hablar y escuchar, persuadir y aquilatar, comprar y pagar, es decir, comerciar. Comerciar es un intercambio de valor por valor. Comunicar y comerciar valores crea realidad en la empresa. La realidad es lo que es. Lo que es, sólo ocurre hoy; aquí y ahora es una procesión de presentes que se extienden hacia el mañana de los mercados.

Así pues, las palabras se enhebran en dos contextos: uno interno que gesta la riqueza en la mente; y el otro externo, que la articula en una conversación y la manifiesta como efectivo (cash). En ambos contextos se mueven personas hablantes que, al interactuar, encarnan las dos fuerzas del mercado:
oferta y demanda.

El comercio expresa la esencia de una comunidad de intereses, donde el mercado se interesa por hacer “algo” valioso para la vida de quienes lo conforman y para lograrlo reclama la cooperación entre productores y compradores a través de la Comunicación - una calle de dos sentidos: hablar y escuchar -, que desemboca en el Compromiso de hacer realidad la transacción, honrando la palabra dicha dándole seguimiento hasta su consecución.

Esto, que debiera ser la verdad de Perogrullo, se ha vuelto extraño como un noticiero nocturno sin cadáveres. Las empresas afirman estar enfrascadas en “hacer el número” y aumentar liquidez financiera mediante las ventas; pero lo que hacen es repetir la misma prédica de ventas confusa y sospechosamente igual al de todas las demás empresas; un discurso que, por supuesto, carece de pasión y razón y que difícilmente mueve a la acción económica por parte del mercado.

Al perder contacto con su mercado, no es extraño que muchos negocios ganen más recortando gastos que vendiendo. Es decir, están dejando de
“hacer algo” mediante la estrategia financiera de “hacer de algo, nada”. Si extrapolamos esta conducta torcida revestida de reingenierías y demás yerbas de mejores prácticas al universo empresarial mundial, es fácil ver lo oculto: debajo de declaraciones públicas de astuta competitividad lo que habla es la avaricia y la mediocridad de quienes no hallan cómo innovar y producir valor.

Estas empresas están convencidas de que hacen lo correcto. No escuchan al mercado diciéndoles que perdieron piso. En su soberbia, se dedican intensamente a hacer de algo, nada. ¿No sería más inteligente que desaprendieran tanta astucia y recordaran cómo conversar?

Conversar es la única herramienta de la que disponemos para crear realidades, superar prejuicios, pensar juntos e inventar el futuro. Cuando una empresa conversa con su mercado, lo que está haciendo es asumir un compromiso para entender lo que preocupa a sus clientes y, a su vez, darse a entender para hacerse cargo de las preocupaciones detectadas.

La falta de una comunicación comprometida con los resultados y con los intereses de las comunidades ha drenado el valor y la intención de comerciar algo valioso para todos. La comunicación es la onda portadora de la actividad productiva para que tanto la interacción grupal como la aportación individual, generen efectivo y construyan innovadoras realidades para la empresa.
Nada nuevo nace si no se expresa primero.

7.25.2007

La Clave del Servicio: Comunidades de Conocimiento


Matt Torresolis

Si porque has tecleado tu PIN, tu CURP, número de contrato, los últimos cuatro dígitos de tu tarjeta de crédito y el nombre de tu mascota crees que es suficiente para que la persona del otro lado de la línea despliegue en su pantalla tu nombre y datos básicos sobre tu situación, seguramente estás alucinando o eres un alienígena.


La voz del otro lado del aparato masculla apresurado un nombre (presumiblemente el suyo, a manera de presentación) en medio de un ruido como de cantina jarocha a la hora feliz y luego de decirte - ¿en que puedo servirle?, te deja con la mitad de una frase colgando de tu boca, cercenada mediante el consabido: - permítame, seguido de un fragmento electrónico de la 40 de Mozart. Luego escuchas que la persona descuelga el aparato mientras chacotea obscenamente con algún compañerito (a) y, acto seguido, repite a la pasmosa velocidad de nanosegundo: - Minbresmengildopéreznquépuedoservirle?


Tres consideraciones:
1) la prestación de servicios radica prioritariamente en las Personas; 2) los servicios, hoy en día, están inscritos en la emergente Revolución del Conocimiento; y 3) necesitamos Empresarios que entiendan las consecuencias de generar negocios con base en los puntos 1 y 2.

El reto es de la talla de un luchador de Sumo, porque en México los servicios apestan, los mexicanos no saben comunicarse ni compartir conocimiento, y los buenos empresarios de servicios son más escasos que un e-mail sin faltas de ortografía. Para las empresas mexicanas es urgente cerrar los abismos entre:
A) su Visión y su Cultura; B) su Cultura y su Identidad; y C) su Identidad y su Visión, a fin de que su personal entienda que tanto A) la dirección, comprensión y diferenciación del negocio, como B) la forma de crear, operar y comunicar el negocio y C) la percepción que el mercado tiene del negocio y su interrelación con él, radican en el Perfecto Cuidado con que se presta el servicio, así como de los crecientes niveles de conocimiento que respaldan y hacen evolucionar dicho servicio.

Cuando hablo de personas que interactúan en un marco de conocimiento intensivo para hacer realidad un emprendimiento de servicios, lo que digo es que necesitamos favorecer el desarrollo de una nueva cultura en la empresa mexicana fundada en:
1) los valores de la comunicación descentralizada y la adopción del modelo Red de Compromisos; 2) en la transformación de la información en conocimientos relevantes y prácticos; y 3) en la correcta utilización de las tecnologías de gestión humana-comunicación.

Nada lograremos con adecuarnos al viento de las transformaciones mundiales.
Necesitamos ser parte de las transformaciones; tomar la iniciativa y dejar de ser seguidores que sólo “están en la competencia”.


Debemos experimentar una sacudida de neuronas y entender el valor estratégico de la comunicación humana para despertar de nuestro sopor histórico y pasar de los meros “equipos de trabajo” a las Comunidades de Conocimiento, porque ellas son la clave que sustentará una economía de servicios correcta.